Hace algunos días sostuve un diálogo interesante con mi hijo, que trataba de explicarme cuánto le gustaba el helado que se estaba comiendo. Yo, en mi condición de padre, procuraba comprender sin lograrlo, hasta que —casi señalándome con gestos de resignación— pareció decir: “¡Mi papá no entiende!” La escena era aún más elocuente por tratarse del diálogo entre un niño de casi dos años y su padre, pero me hizo pensar en lo compleja que es la comunicación en la pareja y en las relaciones humanas en general.
Los procesos cognitivos que hacen posible la comunicación son complejos, y por eso, en ocasiones, no logramos que fluya como esperamos. No hace falta ser neuropsicólogo para tener claridad sobre cómo se gesta la comunicación en el cerebro, pero comprender sus factores básicos ayuda a tener mejores resultados.
Broca, Wernicke y el papel de la lengua
El órgano que solemos asociar con “comunicarnos” es la lengua, aunque también existe el lenguaje paraverbal: nuestro cuerpo posee una gama de movimientos, desde los más intencionados hasta los más sutiles e inconscientes, que también cumplen una función comunicativa (Ceberio, 2006).
Para comprender lo que se nos dice y responder, intervienen dos áreas cerebrales: el área de Broca y el área de Wernicke. Paul Pierre Broca, médico y antropólogo francés, determinó que ciertos pacientes con un trastorno que llamó “afemia” conservaban su capacidad de comprensión, pero perdían la posibilidad de articular palabras — comprendían, pero no podían hablar (Siksou, 2005). El área de Wernicke, en cambio, rige la comprensión: los pacientes de Wernicke tienen un lenguaje fluido pero incomprensible, lo que se conoce como afasia de Wernicke.
¿Es la lengua la causante de los problemas de comunicación?
Generalmente se culpa a la “lengua” de muchos males, pero este órgano solo amplifica lo que ya se ha gestado en el cerebro. En condiciones normales, el área de Broca y el área de Wernicke cumplen su función de forma casi transparente: si usted oye, comprende y responde con coherencia, probablemente no tiene un problema neurológico de lenguaje.
Si, aún así, experimenta dificultades recurrentes de comunicación —especialmente en su relación de pareja—, es probable que el asunto tenga que ver con algo más profundo: el secuestro emocional.
El secuestro emocional y la comunicación en la pareja
Las amígdalas cerebrales —dos estructuras ubicadas en la parte interna del lóbulo temporal medial— son el principal núcleo de control de las emociones, y regulan las respuestas de satisfacción o miedo. Gracias a su conexión con el lóbulo frontal, también permiten inhibir ciertas conductas. Cuando la amígdala “toma el control” del área de Broca y del área de Wernicke, es probable que digamos lo que no debíamos decir, o que callemos lo que debíamos hablar — el fenómeno que se conoce como secuestro emocional o secuestro amigdalar.
Este es, con frecuencia, el verdadero origen de los conflictos de comunicación en la pareja: no un problema del lenguaje, sino de la regulación emocional en el momento de hablar. Si sientes que esto se repite en tu relación, podemos trabajarlo directamente en un espacio de terapia de pareja.
Referencias: Ceberio M. (2006). La buena comunicación: Las posibilidades de la interacción humana. Siksou, M. (2005). Estructuras y Funciones del Lenguaje: De los datos anatomo-clínicos a la imagen funcional.