Lo que significa ser padres

Al respecto de la crianza de los hijos se han escrito un sin número de textos y tratados que se centran en técnicas de uno u otro tipo que promueven el ser padres “exitosos” o lo que algunos llaman “padres ideales”. En la mayoría de estos casos cuando se trata el tema de la crianza o la paternidad responsable, se aborda a partir de los hijos, es decir, cómo hacer que ellos quieran ser colaboradores en la construcción, desde la perspectiva de los padres, de lo que los hijos deben ser.

Algunas premisas de las que se parten es pensar que a los hijos hay que evitarles el “dolor” que ellos sufrieron, compensar en los hijos las carencias que se tuvieron, o que los hijos tienen que ser a imagen y semejanza de los papás, siendo estos errores recurrentes que requieren ser mirados con detalle.

¿Por qué digo esto? porque el ejercicio adecuado de la paternidad requiere de una mirada introspectiva por parte de los padres para que al momento de acompañar a sus hijos en el proceso de formación en las habilidades para la vida, se tenga claro que las situaciones personales no resueltas, necesitan de atención para que se pueda ser eficaz y eficiente en la tarea de ser papás.

En este texto no abordaré las técnicas ni los métodos para hacer de los padres personajes que puedan salir en la portada de una revista que se precia de enseñar técnicas efectivas para la paternidad, o en cualquier programa de televisión que proclame a los cuatros vientos su ayuda en la crianza de los hijos.

Lo que pretendo es hacer un llamado a la reflexión por parte de los padres al respecto de lo que son en su ser o lo que yo llamo el “Self de los padres” y que ha sido tangencialmente abordado y me atrevería a decir que casi que ignorado por algunos expertos en crianza.

¿Hijos a la imagen de…?

Carlos y María llegaron a mi consultorio con cara de angustia y manifestando una profunda preocupación porque estaban “perdiendo el control” sobre su hijo de 8 años, y no sabían qué hacer para lograr que él se comportara de la manera que ellos querían.

María decía que él se parecía en sus comportamientos al papá y Carlos por el contrario decía que “era idéntico a la mamá” en su temperamento. Luego de un tiempo de escucharlos los interrumpí y les dije – ¿en qué se parece el niño al papá o a la mamá? A lo que cada uno respondió señalando los errores de su pareja.

Lo que estaba claro es que querían que Matías se comportara como cada uno de ellos había establecido que era lo correcto. Incluso llegaron a hablar de un comportamiento como el del abuelo paterno o materno.

Permítame ser reiterativo y decir que una de las grandes dificultades que enfrentan los padres al querer impartir formación y disciplina (de la disciplina hablaré en el siguiente artículo) a sus hijos es con los fantasmas del pasado; temas no resueltos con relación a sus Trampas Mortales. Distorsiones cognitivas que hacen que su historia de vida se levante como una amenaza, interfiriendo con el ejercicio saludable de la función de padres, eliminando la posibilidad de dar un acompañamiento adecuado a los hijos en su desarrollo personal. (Te podría interesar: !Cuidado! El miedo te podría estar deteniendo)

En el caso de Carlos y María el asunto no era que su hijo se pareciera al uno o al otro, el problema era que los dos tenían situaciones no resueltas con respecto a ellos mismos y lo que veían en su hijo eran los rasgos de los problemas que cada uno de ellos no había solucionado.

Aquí vale la pena señalar que si usted no resuelve sus problemas asociados con relación al modelo de crianza y disciplina que recibió, no podrá ejercer una paternidad saludable.

“Yo no quiero que mi hijo sufra lo que yo sufrí”

Hay una frase usada con mucha frecuencia y que es la excusa perfecta para no establecer una sana disciplina a los hijos es “yo no quiero que mi hijo sufra lo que yo sufrí”. Esto de antemano implica que hay situaciones de crianza que no fueron adecuadas en los padres y que generaron heridas que aún supuran y hacen que sean un obstáculo para ejercer una paternidad adecuada.

Estas heridas se manifiestan en dos sentidos. La primera es, padres que producto de vivencias críticas del pasado tienden a generar un maltrato constante ya sea psicológico o físico a sus hijos, o por el contrario padres permisivos a los que les resulta casi que imposible implementar la norma y terminan generando el síndrome del “niño emperador”.

Ninguna de las dos es una postura saludable. El maltrato físico es un factor destructivo en la vida de los niños y conlleva a generar heridas que difícilmente sanarán. Por otro lado la permisividad y la ausencia de la norma, hará que fácilmente el niño o la niña se conviertan en opositores desafiantes, creyendo que el mundo debe de estar a sus pies.

La crianza de nuestros hijos no tiene una regla de oro, en cuanto que cada niño o niña es único, así como cada padre lo es; sin embargo, sí tiene unos requerimientos básicos para que sea saludable. De ello hablaré en mi siguiente artículo.

Recuerda que si tienes alguna pregunta me la puedes hacer llegar a través de los comentarios.

Espera la próxima semana la segunda parte de este artículo.

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