Si alguna vez has sentido que las miradas se clavan en ti en el supermercado mientras tu hijo llora en el suelo, o si has terminado el día sintiéndote la «peor madre» o el «peor padre» por haber perdido la paciencia, este artículo es para ti.
Lo primero que quiero decirte es: Suelta la culpa. Un berrinche o un desborde no es una señal de que te falta autoridad, ni de que tu hijo es «manipulador». Es, en realidad, un grito de auxilio de un sistema nervioso que aún está en construcción.
¿Berrinche o Desborde? Aprende a distinguirlos
Aunque visualmente se parecen, el origen es muy distinto y saber identificarlos cambiará tu forma de reaccionar:
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El Berrinche (Deseo): Tiene un objetivo claro. El niño quiere el dulce, el juguete o no querer irse del parque. Hay una intención y, a menudo, el niño «monitorea» tu reacción para ver si cedes.
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El Desborde Emocional (Necesidad): Aquí no hay manipulación. El sistema nervioso del niño se ha inundado. Es como un cortocircuito cerebral debido al cansancio, hambre, sobreestimulación o una emoción que no sabe nombrar. El niño pierde el control total de sus actos.
¿Qué pasa en el cerebro de los 0 a los 7 años?
Para entender a nuestros hijos, debemos entender su arquitectura cerebral. Imagina que el cerebro es una casa de dos pisos:
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El piso de abajo (Cerebro Primitivo): Se encarga de las emociones fuertes y la supervivencia (atacar, huir o bloquearse). Está listo desde el nacimiento.
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El piso de arriba (Corteza Prefrontal): Es el centro del pensamiento lógico, la empatía y el autocontrol.
¿El problema? La escalera que conecta ambos pisos no termina de construirse hasta pasados los 20 años. En la infancia temprana, cuando el «piso de abajo» se incendia, el niño no tiene acceso a la lógica del «piso de arriba». Simplemente no puede calmarse solo porque su cerebro aún no tiene los cables instalados para hacerlo.
3 Herramientas de Disciplina Positiva para actuar hoy
Cuando el incendio emocional comienza, el objetivo no es «callar» el ruido, sino acompañar la emoción. Aquí te explico cómo:
1. Valida la emoción (Ponle nombre)
En lugar de decir «No es para tanto» o «Cállate ya», intenta: «Veo que estás muy enojado porque querías seguir jugando. Es normal sentirse así». Validar no es ceder al deseo, es reconocer que su sentimiento es real.
2. Mantén la presencia física (Corregulación)
Un niño desbordado necesita un adulto regulado. Si tú gritas, sumas más caos al incendio. Quédate cerca, a su altura. Si lo permite, un abrazo puede ayudar; si no, simplemente hazle saber: «Aquí estoy contigo para cuando estés listo». Tu calma será su ancla.
3. Pon el límite con firmeza afectuosa
La Disciplina Positiva no es permisividad. Puedes ser amable y firme a la vez: «Entiendo que quieras el chocolate, pero ahora no es momento de dulces. Podemos comer una fruta o esperar a la cena». El límite protege, la afectuosidad conecta.
Tu bienestar también cuenta
Criar desde el respeto requiere de una paciencia que no siempre tenemos a tope. Es normal sentirse agotado. Recuerda que no puedes dar lo que no tienes; cuidar tu salud mental es el primer paso para cuidar la de tus hijos.
¿Sientes que los desbordes de tu hijo están agotando tu paciencia y no sabes cómo recuperar el equilibrio en casa? No tienes que transitar este camino en soledad. Como psicólogo especialista en crianza en Medellín, puedo brindarte herramientas prácticas y personalizadas para tu familia.