La llegada de un hijo es uno de los momentos más transformadores en la vida de una pareja. Se mezclan la ilusión, la ternura y la alegría con el cansancio, la sobrecarga y, muchas veces, la desconexión emocional. Tanto la maternidad como la paternidad implican un cambio profundo en los roles, la comunicación y la intimidad de la relación.
En este contexto, la terapia de pareja pre y post maternidad/paternidad ofrece un espacio para acompañar a los dos miembros de la pareja, ayudándolos a atravesar esta etapa de transición sin perder su vínculo afectivo.
El cambio de rol en la pareja
Convertirse en madre y en padre implica asumir nuevas responsabilidades que no siempre están equilibradas. Mientras uno puede sentir el peso físico y emocional del cuidado del bebé, el otro puede experimentar la presión de proveer, acompañar y no saber cómo ayudar.
Lo importante es reconocer que ambos roles son diferentes pero igualmente valiosos. La terapia ayuda a validar esas experiencias y a que la pareja entienda que no se trata de competir en quién hace más, sino de construir un equipo con roles complementarios.
Impacto emocional en madres y padres
La maternidad suele traer consigo cambios hormonales, cansancio extremo y la exigencia de estar disponible para el bebé en todo momento. La paternidad, por su parte, puede generar sentimientos de desconexión, miedo a “quedar fuera del vínculo madre-hijo” o incertidumbre sobre cómo apoyar de la mejor manera.
Un ejemplo realista es el de Camila y Andrés. Tras la llegada de su hija, Camila sentía que todo el peso recaía sobre ella, mientras que Andrés se percibía como un simple “ayudante”. En terapia, aprendieron a reconocer que ambos estaban agotados, pero desde lugares distintos. Al comprenderse mutuamente, comenzaron a apoyarse de manera más equilibrada.
Este tipo de historias muestran que la terapia no se centra solo en el bienestar individual, sino en la construcción de una mirada compartida frente a los retos de ser madre y padre.
División de tareas: un reto para ambos
La crianza trae consigo infinitas tareas: pañales, lactancia, citas médicas, responsabilidades del hogar y compromisos laborales. Muchas discusiones surgen porque se percibe que uno “carga más” que el otro.
En terapia, se fomenta la negociación equitativa de las responsabilidades. No se trata de repartir al 50% cada cosa, sino de que ambos se sientan reconocidos y sostenidos. Cuando hay comunicación clara —“necesito que tú te encargues de esto porque estoy agotado/a”— se evitan reproches y se fortalece el trabajo en equipo.
Redefinir la intimidad y la comunicación
Con la llegada de los hijos, la intimidad se transforma. El cansancio, los cambios hormonales y la presión del día a día pueden hacer que el vínculo erótico disminuya. Sin embargo, la intimidad no desaparece: se redefine en gestos, miradas y pequeños momentos de complicidad.
Tanto la madre como el padre necesitan sentirse deseados y valorados, no solo en su rol de cuidadores, sino también en su identidad personal y de pareja. La terapia ayuda a mantener esos espacios de conexión, recordando que una relación fuerte entre padres es también un regalo para los hijos.
La importancia de buscar ayuda profesional
Ni la maternidad ni la paternidad vienen con un manual. Cada pareja enfrenta retos únicos. Lo esencial es comprender que buscar ayuda no es un signo de fracaso, sino de madurez. La terapia de pareja ofrece un lugar para aprender nuevas herramientas, reconectar y recordar que antes de ser padres, son pareja.
Finalmente
La llegada de un hijo transforma la vida, los roles y la forma de amar. Pero también abre la puerta a un crecimiento profundo si se atraviesa con consciencia y apoyo. La terapia de pareja pre y post maternidad/paternidad acompaña a ambos en este camino, ayudándoles a equilibrar tareas, expresar emociones y redescubrir su vínculo.
✨ Porque una pareja que se cuida a sí misma también cuida el mundo emocional en el que crecerán sus hijos.