Personajes asustadores

Resulta sorprendente ver como al asesorar a un gran número de personas durante los últimos años, en su mayoría están siendo intimidadas por “monstruos” de su pasado. Algunos de estos “monstruos” son el resultado una de construcción que se hace a partir de ideas irracionales que surgieron de afirmaciones negativas durante la primera infancia, aunque en otros aparecieron un poco más tarde.

Estos personajes extraños que son como “amigos” imaginarios; han sido creados en el cerebro no-consciente a partir de sensaciones y percepciones acumuladas a lo largo de la vida y suelen en ocasiones neutralizar a las personas impidiéndoles su normal desarrollo.

Jeffrey Young define a estas ideas irracionales como trampas mortales, que impiden una vinculación “normal” consigo mismo o con el entorno, y aunque en ocasiones la personas al ver su vida estancada buscan ayuda terapéutica, resulta complejo en el quehacer como psicólogo, establecer procesos que generen ajustes en la percepción de dichos esquemas porque quienes se encuentran afectados por ellos, los ven como “amigos” de los que no se quieren apartar porque ya forman parte de su paisaje mental; son como el James “Sulley” Sullivan o el Michael “Mike” Wazowski de la película Moster Inc, que de cuando en cuando salen en la noche por la puerta del closet, provenientes de la fabrica de monstruos para alterar la vida de sus “víctimas”, acabando su tranquilidad.

Todo sería muy simple si estos no fueran más que imaginarios en el sentido estricto de la palabra. Pero el problema de fondo es que estos “personajes asustadores” del pasado, construidos por uno de los componentes de nuestros procesos psicológicos básicos (la percepción) con base en las palabras, gestos, acciones y enseñanzas de todo tipo que se han almacenado en nuestra amígdala, son determinantes a la hora de mirar el presente y futuro. Esto hace que sea muy importante trabajar en la elaboración de ellos si se quiere alcanzar un desarrollo personal adecuado.

No piense el lector que esto es un invento mío. El profesor de psicología de la universidad de Harvard Daniel Schacter, especialista en memoria y neuropsicología, autor del libro “Los 7 pecados de la memoria” dice “…estamos procurando entender cómo se utiliza la memoria para imaginar el futuro, lo que haremos en nuestra vida. Hasta el momento, solíamos pensar en la memoria como algo exclusivamente relacionado con el pasado, pero ahora, teniendo en cuenta nuestra investigación más reciente, cada vez nos interesa más el papel de la memoria como algo que nos permite pensar en el futuro, y esto es algo que estudiaremos mucho más en lo sucesivo.” (Daniel Schacter, 2008).

Las sensaciones que generan los recuerdos en el aquí y el ahora, hacen que se piense en una u otra dirección con respecto a como las personas se ven a si mismas en el futuro. Esto es sumamente importante, pues da luces al respecto de por qué algunas técnicas basadas en la motivación no funcionan con respecto al cambio de actitud con respecto a si mismas y su entorno en la persona.

Se podría afirma que es necesario cambiar la manera de pensar, para que cambie la manera de vivir; pero esto no se reduce a lo puramente cognitivo, se refiere al hecho de que debemos de trabajar adecuadamente las sensaciones, las percepciones y las emociones asociadas a los recuerdos.

¿Cómo se infiltraron esos monstruos?

Para responder a esta pregunta me voy a permitir contarte una fábula. Un niño muy pequeño estaba en medio de la selva cuando de pronto se encontró con un león. El león le miro con ojos desafiantes y el niño le respondió con una mirada del mismo tipo. El león se acerco al niño y se puso a dar vueltas al rededor de éste. El niño hizo lo mismo. Al cabo de un tiempo el niño y el león se miraron. Oye, Dijo el niño, – ¿Me puedes llevar a mi casa sobre tu lomo? Y el león dijo, claro. Así que el niño se subió al lomo del león y juntos comenzaron a caminar hacia la aldea donde vivía el niño. Cuando se acercaron a los campos sembrados de la aldea, los hombres que estaban trabajando en la tierra vieron al niño subido en el león, gritaron de terror y corriendo fueron a ocultarse bajo los árboles. El niño dijo; – ¿Por qué corren? Y el león respondió, – Cuando lleguemos a tu casa te lo contaré. Así que el niño y el león siguieron por el camino hasta que llegaron a la casa de este. El león abrió la puerta y entro. Cuando la familia del niño vio que él estaba subido encima un león gritaron de pavor y salieron todos de casa para esconderse lejos del león. Todos menos el padre del chico.

El niño entonces, se bajo del león y le dijo al padre, – Papa, ¿por qué corren todos? Y el padre le dijo lleno de terror, – Porque estás subido un león. El niño exclamo de pronto; – ¡Ah, es un león¡ ¡No sabía lo que era un león¡ ¿Así que tu eres el rey de la selva, ese animal al que todos temen? Y el león dijo, – Efectivamente. Ahora que sabes quién soy y lo que soy capaz de hacer, tú también me temerás por el resto de los días de tu vida. Y el león se fue por donde había venido, dejando al niño lleno de terror. Un niño que de pronto sintió haberse hecho mayor. Inducidos y establecidos en nuestro cerebro no consciente a partir de la influencia de la que se es objeto por parte de los cuidadores o las personas de influencia, se instalan en las personas miedos irracionales.

Esto no significa que todo el miedo que se experimenta es nocivo. Nardone (2007) plantea que el miedo como emoción psicobiológica no es, por sí mismo, algo patológico; al contrario, es una emoción fundamental para la adaptación de los animales y de los seres humanos en su ambiente. Sin una dosis de miedo no se sobrevive, puesto que ésta es la reacción que nos alerta ante los peligros reales y nos permite afrontar tales situaciones después de haberlas reconocido como peligrosas.

En efecto, la idea que hay que refutar es que un ser humano no puede tener miedo, dado que esto lo volvería un autómata y no un ser vivo. Sin embargo, como otras reacciones psicofisiológicas, cuando el miedo supera un cierto umbral, el ser humano se bloquea y se vuelve incapaz de reaccionar de forma idónea de acuerdo con los acontecimientos. Por tanto, lo que marca la diferencia entre el miedo como emoción natural útil y el miedo como reacción patológica es que el primero incrementa nuestra capacidad para manejar la realidad mientras que el segundo, por el contrario, limita o incluso anula esta capacidad, encadenando a la persona dentro de la prisión del pánico.

En lo que respecta al miedo patológico, la amígdala juega un papel protagónico. Situada en la región antero-inferior del lóbulo temporal (Pallares, 2010), actúa como centro automático identificador del peligro. Se relaciona también con el tálamo, el hipotálamo, el núcleo septal, el circuito de la memoria y el área prefrontal. Integra toda esta información y envía impulsos que van a influir en la respuesta vegetativa o automática y, por sus conexiones, con el lóbulo prefrontal, en los procesos cognitivos, los emotivos y en la toma de decisiones. En la amígdala, se instalan sensaciones (emociones) que ella está en condiciones de procesar mucho más rápido que el lóbulo frontal y el problema es que ella no logra diferenciar entre un peligro real y uno imaginario y puede ocasionar lo que se conoce como secuestro amigdalar (secuestro emocional) acudiendo a los fantasmas del pasado y así logrando incluso que las personas se detengan incluso ente los fantasmas imaginarios del pasado, que la amígdala ve como monstruos. Por eso debes tener presente que se hace necesario comprender que es lo que está deteniendo tu vida. Miedos reales o un simple secuestro emocional por parte de le amígdala.

Somos nuestros pensamientos, nuestras sensaciones, nuestras emociones. Estas son normales y ayudan en la existencia del ser humano, pero lo patológico está en que esas ideas irracionales, esas trampas mostales lleven la vida de las personas a una vida de limitaciones que impidan el desarrollo humano integral e incluso impidan vivir una vida de felicidad y tranquilidad.

 

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